"Dos aldeanas vestidas de negro interrumpieron su charla al lado de un muro de piedra bajo y observaron a la muchacha extranjera con manifiesta curiosidad y desconfianza. ¿Adonde iba aquella descarada que enseñaba las piernas? ¿Hacia el castillo? ¡Ah!, bueno, eso lo explicaba todo. Al castillo iban gentes muy extrañas desde que ese extranjero lo compró... Y no es que Monseir Hel fuese un mal hombre. Realmente, sus maridos les habían dicho que el movimiento para la libertad vasca sentía gran admiración por él. Pero, a pesar de eso... Continuaba siendo un recien llegado. Solo habia vivido en el castillo catorce años, mientras que en el pueblo (noventa y tres almas) todos podían leer su nombre en decenas de lápidas cerca de la ibglesia, algunas veces recién talladas de granito de los Pireneos, algunas veces casi ilegible en viejas piedras que cinco siglos de lluvia y viento habían alisado. ¡Fijate! ¡Esa descarada ni tan siquiera se sujeta los pechos! Quiere que los hombres la miren, esto es lo que ella quiere. ¡Si no tiene cuidado, pronto tendra un hijo sin padre! ¿Y quien se casara entonces con ella? Acabará cortando verduras y fregando el suelo en casa de su hermana. ¡Y el marido de su hermana la perseguirá cuando este borracho! ¡Y un día, cuando la hermana esté embarazada, demasiado gorda para hacerlo, ésta sucumbirá ante el marido! Probablemente, en el pajar. Siempre sucede así. Y la hermana lo descubrirá ¡Y la echra de casa! ¿Y a donde ira entonces? Se convertira en una mujerzuela en Bayona. ¡Esto es lo que sucederá!
Una tercera mujer se unio a las otras dos. ¿Quien es esa chica que enseña las piernas? No sabemos nada de ella... Excepto que es una puta de Bayona. ¡Y ni tan siquiera es vasca! ¿Crees que debe ser protestante? Oh no, yo no iría tan lejos. Sólo es una pobre putain que se ha acostado con el marido de su hermana. Es lo que siempre sucede cuando andas por ahí sin llevar sostén.
Muy cierto, muy cierto.
Al pasar junto a ellas, Hanna alzó los ojos y las vio.
-Bonjour mesdames -saludo
-Bonjour Mademoiselle -respondieron las tres mujeres a coro, sonriendo abiertamente al estilo vasco-. ¿Está usted dando un paseo? -pregunto una de ellas.
-Sí, Madame.
-Esto está bien. Tiiene suerte de disponer de tiempo.
Dio un codazo a su vecina, que le fue devuelto. Era una muestra de atrevimiento e inteligencia acercarse tanto a la verdad.
-¿Esta buscando el castillo, Mademoiselle?
-Sí, así es.
-Siga usted adelante, y ya encontrará lo que está buscando.
Un codazo; otro codazo. Era peligroso, pero deliciosamente ingenioso acercarse tanto a la verdad."
Shibumi
TREVANIAN
Ed. Plaza&Janes
Este relato es un fragmento de un libro titulado Shibumi, está situación puede darse y ocurre con frecuencia en cualquier pueblo, ante la llegada de un forastero, sobre todo en esa clase de pueblos que se hallan casi despoblados, que la gente va desapareciendo de ellos, debido a la falta de trabajo o por las pocas ganas de trabajar la tierra, por la falta de comodidades, etc... El unico deporte que queda es juzgar y criticar sin tener conocimiento de esa persona... Es un deporte muy sano y muy español... Bueno de la España profunda.
Despues de criticar a esta persona cuando se acerca con buena voluntad y educación, lo mas facil es practicar otro deporte la hipocresia, tambien muy presente en ese tipo de pueblos, que casualmnente siempre esta habitado por el mismo tipo de personas...
Ignorantes que temen todo lo nuevo y todo lo que viene del exterior... Simplemente ignorantes que todo lo saben a pesar de nunca haber salido de su pequeño pueblo y que se atreven a juzgar a otros... Ignorantes